CINCO CLAVES PARA LA REACTIVACIÓN POS-COVID

La pandemia ha dejado en evidencia los vínculos intrínsecos entre la naturaleza, el clima, la sociedad humana y la economía, y nos hace conscientes de la estrecha relación existente entre la salud de planeta y la salud de los seres humanos. También ha revelado que escuchar a la ciencia es necesario y urgente.

1. Modelo económico /Desarrollo sostenible:

  • Alinear los flujos financieros públicos y privados hacia oportunidades de inversión rentables y sostenibles, que generen empleo, garanticen el bienestar humano, logren reducciones rápidas de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), reduzcan las pérdidas de biodiversidad y promuevan la recuperación de la naturaleza, con énfasis en los siguientes sectores: a) Salud; b) Energía limpia; c) Producción local y sostenible de alimentos, con promoción de cadenas cortas de distribución; d) Desarrollo urbano sostenible y resiliente; y e) Ambiente.
  • Establecer reformas fiscales que promuevan la eliminación gradual de los subsidios que son perjudiciales para el ambiente, apuntando a la descarbonización de la economía de toda la región de ALC para el año 2050 y a una transición energética justa.
  • Establecer y promover nuevos indicadores de bienestar, que reconozcan la idiosincrasia regional y los retos del PIB para medir la prosperidad, el desarrollo y la salud general de la población y los ecosistemas.

2. Desarrollo social incluyente, equitativo y resiliente

  • Diseñar e implementar soluciones basadas en la naturaleza para proteger; gestionar de manera sostenible y restaurar ecosistemas naturales o modificados, con el fin de abordar los desafíos sociales que incluyen la seguridad del agua, la seguridad alimentaria, la salud humana, la reducción del riesgo de desastres y el cambio climático.
  • Enfocar el rescate y paquetes de estímulo al fortalecimiento de la resiliencia comunitaria y familiar (campesinado, pequeñas y medianas empresas) y a establecer condiciones claras para el apoyo a determinadas industrias o empresas cuya operación sea prioritaria para garantizar el bienestar de la población (considerando los sectores ya mencionados), a fin de asegurar el resguardo ambiental y de los compromisos climáticos, evitando también despidos masivos.
  • Fortalecer los sistemas democráticos a fin de asegurar legitimidad a las medidas y programas a implementar, con plena participación de la ciencia y la sociedad civil en la toma de decisiones.
  • Generar nuevas fuentes de empleo, promoviendo la equidad, inclusión, justicia social y erradicación de la pobreza, mientras se detiene y revierte la pérdida de biodiversidad y se hace frente a la crisis climática.
  • Complementariamente a la mejora a los servicios de salud y su acceso universal, asegurar las condiciones sanitarias debidamente apropiadas, y garantizar el acceso al agua en condiciones de calidad, cantidad y continuidad requeridas para la asegurar la salud y el bienestar de la población. Asimismo, asegurar el acceso a las tecnologías apropiadas y el acceso universal a internet para garantizar el adecuado desarrollo de los procesos de educación, salud y empleo.
  • Impulsar la entrada en vigor del Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe, Acuerdo de Escazú.

3. Cambio climático y actualización de las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC):

  • Continuar sin retraso, a través de procesos participativos, la actualización de las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC) a ser presentadas en 2020, con metas de mitigación y adaptación más ambiciosas que contribuyan a alinear al mundo a la trayectoria de 1.5°C sugerida por la ciencia; con sustento científico, fortaleciendo el rol de la naturaleza y se basen en mecanismos de transparencia y claridad para su financiamiento e implementación.

4. Biodiversidad:

  • Impulsar y adoptar un marco global para la biodiversidad Post 2020 en el marco del Convenio de Diversidad Biológica (CBD) que contenga compromisos ambiciosos que aseguren la reversión de los procesos de pérdida de naturaleza y degradación de los ecosistemas y hábitats.
  • Aumentar la ambición y el alcance de los programas de conservación de la naturaleza, restauración y gestión sostenible, revalorizando y fortaleciendo el conocimiento y el involucramiento de los Pueblos Indígenas y Comunidades Locales.

5. Visión a largo plazo:

  • Consensuar y aprobar estrategias de largo plazo que definan la visión país al 2050 para asegurar una economía con emisiones “netas-cero” de carbono, resiliente al cambio climático y que incluya consideraciones sociales que promuevan la igualdad, la integración, la transición justa y la cohesión social.
  • Impulsar y liderar la búsqueda del consenso para generar un nuevo acuerdo por la naturaleza y las personas.

Necesitamos una rápida y profunda transformación para asegurar un futuro sostenible, justo y resiliente en América Latina y el Caribe, que solo puede lograrse implementando acciones contundentes, que tengan el potencial de proteger la biodiversidad, hacer frente a la crisis climática y mejorar la calidad de vida de la ciudadanía, creando empleos, garantizando el acceso a servicios básicos, limpiando el aire que respiramos y haciendo a nuestras ciudades más vivibles y disfrutables. Por ello, es imperante priorizar estos criterios dentro los paquetes de recuperación pos COVID-19, para evitar una crisis mayor de la cual no haya retorno.

Los gobiernos de la región pueden estar seguros de que nuestro llamado va a la par de nuestro apoyo y compromiso. Las organizaciones firmantes continuaremos trabajando desde nuestros propios frentes y articulando esfuerzos coordinados para materializar acciones individuales y colaborativas que nos lleven al futuro que deseamos.

El desarrollo sostenible

Nace la concepción de desarrollo sostenible 

Fue solamente en 1980 que apareció y se definió el término desarrollo sostenible, en un documento de la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), en la cual aparece implícitamente la noción de los límites:  

“La gestión del uso humano de la biosfera para que pueda producir el mayor beneficio sostenible para las generaciones presentes a la vez que se mantenga su potencial para cubrir las necesidades y aspiraciones de las generaciones futuras. Por tanto, la conservación en positivo incluye la preservación, mantenimiento, uso sostenible, restauración y mejora del ambiente natural” (IUCN, 1980).   

La Comisión Bruntland en su histórico informe Nuestro Futuro Común, definió el desarrollo sostenible (Bruntland 1987, 29) habiéndose difundido y popularizado la parte de la definición que reza: “el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades”.  

Es la definición más conocida y más reiterada, quizá por su fuerza inspiracional. Pero parece haberse olvidado que en el concepto de desarrollo sostenible original de Bruntland se hace explícita la concepción de los límites del planeta (ver tabla 1). Y que en esa definición se señala que los límites para el crecimiento económico impuestos por la naturaleza son relativos pues la viabilidad de este último también depende de la tecnología y de su uso social. Así, por ejemplo, como es hoy evidente, es urgente una rápida transición de las energías fósiles hacia las energías renovables: a una misma tasa de crecimiento económico si el mundo se mantuviera anclado en las primeras en las próximas décadas, la transgresión de los límites del clima colocaría a la humanidad en graves riesgos, mientras que si se logra hacer la transición como se aspira en el Acuerdo de Paris, los riesgos serían mucho menores.  

Figura 1.

Figura 1: Definición de desarrollo sostenible de la Comisión Brundtland (1987) 

Nuestra aproximación al desarrollo sostenible 

En la aproximación aquí adoptada se plantea que el desarrollo sostenible tiene dos objetivos: (1) alcanzar el bienestar de la población (erradicación de la pobreza, disminución de la inequidad, mayor inclusión social, mejor nivel de vida para todos), y (2) asegurar que el desarrollo se realice respetando los límites del planeta y la sostenibilidad ambiental. La política, la economía y la ciencia y la tecnología se plantean como medios para alcanzar estos propósitos (ver gráfica). 

Figura 2.

Figura 2: Comprensión del desarrollo sostenible desde los límites ecológicos del planeta. Creado por M. Rodríguez (2019, basado en Porrit, J. (2012). Capitalism as if world matters. London Earth Scan. Pág: 29 

En otras palabras, se establece una jerarquía entre las dimensiones económicas, sociales y ambientales, una cuestión necesaria para evitar las ambigüedades a que, con frecuencia, dan lugar muchas definiciones populares como aquella que señala que el desarrollo sostenible es aquel que gana la economía, gana el desarrollo social y gana el medio ambiente. O aquella que el desarrollo sostenible consiste en lograr un adecuado equilibrio o armonía entre el crecimiento económico, el desarrollo social y la protección ambiental. En estas dos aproximaciones, muy populares entre muchos, se supone que el crecimiento económico puede ser indefinido y se minimiza, o se esconde, la existencia de unos límites ecológicos, es decir, la esencia misma de la concepción del desarrollo sostenible.  

Las dos aproximaciones conocidas como ecosistemas y sus servicios, y los límites del planeta, se adoptan aquí como fundamentos del objetivo de vivir dentro de los límites que la naturaleza impone al desarrollo económico y social. La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (MA, por su sigla en inglés), adelantada entre 2001 y 2005 con participación de 1360 científicos de todo el mundo, conceptualizó y difundió la aproximación de los ecosistemas y sus servicios (MA, 2005). La aproximación de los límites ecológicos del planeta fue desarrollada por el Instituto de Resilencia de Estocolmo a finales de la pasada década (Rockström et al. 2009). Desde entonces ambas aproximaciones han sido robustecidas por cientos de centros de investigación y de políticas públicas, como se evidencia, por ejemplo, en las contribuciones del IPBES (The Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services), en el caso de los ecosistemas y sus servicios. 

Conflictos y dilemas 

La realización del concepto de desarrollo sostenible en la práctica presenta múltiples conflictos y dilemas que le son inherentes (Rodríguez, 1994). Entre los principales se destacan:  

  • Conflicto entre los países desarrollados y los países en desarrollo.
  • Conflicto entre generaciones presentes y generaciones futuras.
  • Conflicto entre el interés de la comunidad y el interés individual. 
  • Conflicto entre la protección del medio ambiente y el crecimiento económico.   

Dos ejemplos, nos ilustran la profundidad de estos conflictos y dilemas.    

1. El hecho de que una quinta parte de la población de nuestro planeta consuma cerca del 80% de sus recursos nos sugiere preguntas como esta: ¿en qué medida los países desarrollados estarían dispuestos a renunciar a parte del consumo per cápita de su población con el fin de dar espacio a que los más de 700 millones de personas en la miseria estén en posibilidad de consumir, o en otras palabras de satisfacer sus necesidades básicas, y, también, alcanzar algunos de los niveles de confort de que hoy disfruta parte de la clase media (ejs: ¿el aire acondicionado en los sitios muy cálidos o el acceso a espacios de recreación)?    

2. Los precios internacionales de muchos productos primarios no reconocen sus costos ecológicos, ni generan los recursos económicos requeridos para compensar justamente a la fuerza laboral asociada. En otras palabras, su flujo comercial constituye una de las causas cruciales del deterioro ambiental y de la pobreza de diversos grupos humanos de los países en desarrollo. 

Pensemos, por ejemplo, en el café, uno de los principales productos agrícolas de exportación de muchos de los países de América Latina. El empobrecimiento de la calidad del suelo y la gran contaminación de las fuentes de agua como consecuencia de las tecnologías imperantes para su cultivo y despulpe, no se reconoce en los costos de producción del grano. Así mismo, las fluctuaciones históricas de los precios internacionales del café han conllevado a que sus cultivadores (gran parte de los cuales son pequeños productores) se encuentren en imposibilidad de atender adecuadamente sus necesidades básicas.  

¿Cómo se han producido, entonces, las ganancias de una actividad que ha sido una de las bases mismas de la economía de exportación y, por consiguiente, del desarrollo económico y social de muchos de los países de América Latina? La respuesta es simple y dramática: a costa de la base natural de las áreas en donde se ha asentado la industria cafetera y, también, a costa de los ingresos de los productores (se reconoce que esta última situación, la de los productores, ha sido favorable en diversos períodos)   

Resolver estos dos problemas implicaría, seguramente, un aumento sustancial del precio del grano. En la actualidad se realizan programas para enfrentar estas situaciones, entre los que sobresalen el café especial y el comercio justo. Pero su alcance es muy reducido frente a la magnitud del problema. 

Los límites del planeta

Este texto es una adaptación hecha por el autor de: Rodríguez Becerra, M. 2019. Nuestro planeta, nuestro futuro. Bogotá: Penguin Random House, páginas 61-73

Te invitamos a leer el siguiente texto, cuyo objetivo es describir las aproximaciones que reconocen al planeta Tierra como un sistema ecológico con capacidades limitadas para soportar la estructura y los niveles de crecimiento establecido por el hombre a lo largo de los años. El documento incorpora diferentes miradas desde la presentación del informe The limits to growth por el Club de Roma en 1972 hasta la visión creada por Joham Rockström y el Centro de Resiliencia de Estocolmo sobre los límites ecológicos del planeta. En el escrito también se hace referencia a algunos textos que te ayudarán a profundizar en el interesante y desafiante concepto de los límites del planeta. El autor de la lectura que disfrutarás a continuación es Manuel Rodríguez Becerra, profesor emérito de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes y considerado como uno de los líderes más influencias en temas ambientales en Colombia.  

En 1972, el Club de Roma presentó su informe The limits to growth (Meadows, D.H et al. 1972). Los límites del crecimiento es un informe elaborado por un grupo de investigadores del MIT liderado por Donella Meadows. La principal conclusión del estudio fue reseñada así por sus propios autores: “si las tendencias presentes de crecimiento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y el agotamiento de los recursos continúan sin cambio, los límites de crecimiento de este planeta serán alcanzados en algún momento dentro de los próximos cien años. El resultado más probable será un súbito incontrolable declive, tanto en la población como en la capacidad industrial” (Meadows, D.H, et al. 1972, página 5). 

El libro creó un enorme impacto en la opinión pública, tal como lo muestran las primeras líneas de los principales diarios del mundo: “un computador predice el futuro y atemoriza”, “un estudio predice un desastre hacia el año 2100”, “científicos advierten acerca de un desastre global”2. A no pocos economistas, con su enorme influencia en la política pública, le pareció una especie de oxímoron, en particular porque cuestionaba el crecimiento económico indefinido, para entonces y para ellos un dogma incuestionable.  

Pero el tiempo le dio la razón a Meadows y sus colaboradores; no podía ser  de una forma distinta, pues para su diagnóstico partieron de una aproximación sistémica que reconoce al sistema económico como un subsistema del sistema social y a este como un subsistema de la Tierra, que se basa en una de las leyes físicas de la entropía aceptada universalmente: un subsistema -en este caso los subsistemas económico y social- no puede expandirse más allá de lo que le permite el sistema del que hace parte -en este caso el Planeta Tierra, la Biosfera,  que es un sistema cerrado.   

Precisamente veinte años después, los autores publicaron un nuevo libro en el cual afirman que sus conclusiones eran acertadas, tal como lo revela su título, Beyond the Limits (más allá de los límites). “En 1971 —dicen—, advertimos que el uso humano de materiales y energía llegaría a su límite físico en cuestión de décadas. En 1991, al cotejar la información, el modelo computacional y nuestra propia experiencia, comprendimos que, a pesar de los avances tecnológicos, de la mayor conciencia y del fortalecimiento de las políticas ambientales, muchos de los flujos de contaminación y el abuso de los recursos habían crecido más allá de sus límites sustentables”. 

Figura 1

Figura 1:  Aproximación sistémica. Figura tomada de Manuel Rodríguez. Nuestro Planeta, nuestro futuro. Página: 65 

Los nueve límites de seguridad del planeta.

Joham Rockstrom y sus colaboradores del Centro de Resiliencia de Estocolmo han propuesto “una nueva aproximación a la sostenibilidad global en la cual definimos límites planetarios dentro de los cuales esperamos que la humanidad pueda operar en forma segura. Transgredir uno o más de los de los límites planetarios puede ser deletéreo o aún catastrófico debido al riesgo de cruzar umbrales que detonarán cambios ambientales abruptos y no lineales dentro de una escala entre sistemas continentales y planetarios” (Rockstrom et al. 2009, 1)  

Se identifican nueve límites planetarios: cambio climático, cambio en la integridad de la biosfera*, eliminación del ozono estratosférico, acidificación de los océanos, ciclos biogeoquímicos (ciclos del exceso de nitrógeno y de fósforo), cambio de los sistemas de suelo, uso de agua dulce, la carga de aerosoles en la atmósfera y la carga de químicos. A la fecha (2016) se ha propuesto una cuantificación para los ocho primeros, en contraste con 2009 cuando solamente se habían cuantificado seis. (Steffen et al., 2015; Rockstrom et al. 2009).  

*Biósfera es la capa del planeta Tierra en donde se desarrolla la vida; es una delgada capa, ya que las partes superiores de la atmósfera tienen poco oxígeno y la temperatura es muy baja, mientras que las profundidades de los océanos mayores a 1000 metros son oscuras y frías. 

Límites planetarios 

Figura 2

Figura 2:  Límites planetarios. Steffen et al., 2015. Figura tomada de Manuel Rodríguez. Nuestro Planeta, nuestro futuro. Página: 69 

El límite planetario no es equivalente a un punto de inflexión (“tipping point”) en el cual se ponen en movimiento fenómenos que generan un cambio drástico del sistema. El límite se ha colocado antes del punto de inflexión (tipping point) o umbral biofísico, es el punto final de la zona marcada con amarillo caracterizada por la incertidumbre, por un riesgo creciente; es una zona en la cual la sociedad tiene aún tiempo para para reaccionar y tomar todas las medidas para evitar llegar a un umbral en el que se pueden producir cambios abruptos y arriesgados.  

En el año 2015 este grupo de investigadores reportó que cuatro de los nueve límites planetarios han sido traspasados como consecuencia de la actividad humana:  cambio climático, cambio en la integridad de la biosfera, ciclos biogeoquímicos (fósforo y nitrógeno) y cambio de los sistemas de suelo (Steffen et al., 2015).   

Si bien esta aproximación surgió hace una década, la idea de los límites del planeta tuvo un enorme desarrollo desde los años ochenta en relación con el cambio climático y el adelgazamiento de la capa de ozono, tanto que fueron fundamento de los respectivos tratados para combatir estos dos fenómenos de origen humano.   

En el Protocolo de Montreal Relativo a las Sustancias Agotadoras de la Capa de Ozono, suscrito en 1987, se acordó eliminar las sustancias de origen antropogénico que agotan la capa de ozono mediante el control de su producción.  El caso del ozono ilustra el significado de los límites del planeta: “una creciente combinación de concentraciones de sustancias de origen antropogénico eliminadoras del ozono (como los fluorocarbonados) y de nubes estratosféricas polares condujeron a la estratosfera de la Antártica hacia un nuevo régimen: uno en el que el ozono desapareció en la baja estratósfera en la región durante la primavera austral. Este adelgazamiento del ozono estratosférico polar tiene impactos negativos sobre los organismos marinos y conlleva riesgos para la salud humana” (Rockstrom et al. 2009, 1).     

A su vez, en el objetivo mismo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático se reconoce un límite del planeta que no debe sobrepasarse: “lograr (…) la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropogénicas peligrosas en el sistema climático”3 (Art. 2 CMNUCC). La ciencia considera que esas concentraciones no deben exceder del límite en el cual la temperatura promedio de la superficie de tierra exceda 1. 5º C en relación con la era preindustrial.  

No obstante que algunos límites no han sido sobrepasados a una escala planetaria, en algunos lugares los límites de tolerancia regional fueron excedidos, como el agua dulce en el occidente de los Estados Unidos y en partes del sur de Europa, Asia y el Medio Oriente (Steffen et al., 2015). Uno de los miembros del equipo de investigadores, William Steffen, ha subrayado: “la trasgresión de un límite incrementa el riesgo de que las actividades humanas puedan inadvertidamente incrementar el riesgo de que el Sistema Tierra ingrese en un estado mucho menos hospitalario, perjudicando los esfuerzos para reducir la pobreza y llevando al deterioro del bienestar humano en muchos lugares del mundo, incluyendo a los países ricos” (Postdam Institute, 2015).  

Los límites están profundamente interrelacionados y las medidas preventivas relativas a uno de ellos podrían tener negativas consecuencias en algunos de los otros. Por ejemplo, si la irrigación fuera reducida para mantenerse dentro de los límites del agua dulce, los cultivos habría que extenderlos como una medida compensatoria, conduciendo a una trasgresión adicional en el límite de cambio del sistema suelo.  Pero implementar métodos para usar el agua en forma más eficiente en la agricultura puede ayudar a sortear este dilema y, al mismo tiempo, incrementar la producción mundial de alimentos (Steffen et al., 2015). 

Entre las nociones asociadas con el concepto de los límites y, también con el de los ecosistemas y sus servicios, además los puntos de inflexión (“tipping  points” ), o umbrales,  se mencionan: adaptación y resiliencia. Ante el hecho de que se han sobrepasado cuatro límites se señala la necesidad de generar las acciones requeridas para que los socio-ecosistemas sean más resistentes y se adapten (resiliencia) a fenómenos como las graves sequías o las fuertes épocas invernales producto del cambio climático. Por ello, hoy se están adelantando en diferentes regiones y países diversas acciones para la restauración de ecosistemas claves por la diversidad de servicios que prestan, como los bosques, así como acciones para impedir la extinción de especies amenazadas de extinción. Así mismo, los grandes centros de investigación agrícolas del mundo adelantan desarrollos tecnológicos para hacer que los sistemas agrícolas sean más resistentes a las embatidas de las condiciones climáticas extremas (sequías e inviernos prolongados, lluvias torrenciales etc). 

La adaptación hace, en general, referencia a las diversas medidas que se deben adelantar para prever y mitigar los inevitables impactos del cambio global que estamos ya viviendo, como consecuencia de la trasgresión de los límites del Planeta. La adaptación tiene fundamentalmente una expresión local y regional. Así, por ejemplo, se hace aún más urgente reubicar grandes grupos poblacionales en el campo y la ciudad que viven en zonas ambientalmente vulnerables, en virtud de que los efectos del cambio climático incrementan fuertemente esa vulnerabilidad. Y se requiere también reubicar los asentamientos humanos que hasta hace poco se enclavaban en zonas seguras pero que hoy han dejados de serlo, como ocurre con aquellos que se encuentran en zonas costeras bajas, que se harán inhabitables con la subida del nivel del mar. Hoy son muchas las ciudades y regiones del mundo que están emprendiendo obras de ingeniería para protegerse de los efectos del cambio climático, como son, entre muchos otras, los sistemas de captación de aguas lluvias de mayor capacidad, la recuperación de zonas de inundación de los ríos, diques de contención para evitar las inundaciones por la subida del nivel del mar, o por eventos extraordinarios de aumento del caudal de los ríos. 

El premio Nobel Paul Crutzen planteó en 2001 que el Planeta está ingresando en una nueva era geológica, el Antropoceno, como consecuencia de las profundas transformaciones de origen humano (Crutzen, 2011). La nueva era se caracteriza, entre otras, por una creciente inestabilidad y turbulencia climática en contraste con el Holoceno, caracterizado por una estabilidad excepcional en la historia del Planeta, que se prolongó durante cerca de 12.000 años y que favoreció el surgimiento de la agricultura y, en general, de la civilización contemporánea. La extinción masiva de especies es una de las mayores manifestaciones de la perdida de integridad de la biósfera, otra de los hechos fundamentales que señalan que ingresamos al Antropoceno.  La evidencia presentada por los científicos para concluir que estamos en una nueva época geológica es abrumadora y hacen  referencia no solamente  a  profundas transformaciones en  la atmósfera y en la biósfera, sino también a las grandes transformaciones registradas  en la litosfera, la cual contiene todas las rocas frías, duras y sólidas de la corteza (superficie) del planeta (cuya explotación ha sido intensa para extraer combustibles y materiales cuyo uso han contaminado los diversos sistemas de la Tierra),  y  en  la hidrosfera, la cual contiene todo el agua sólida, líquida y gaseosa del planeta. En síntesis, el Antropoceno se caracteriza por transformaciones profundas, simultáneas e interrelacionadas en estos cuatro sistemas de la Tierra.  

Para Rockstrom, más allá de las medidas de adaptación para atender las realidades más inmediatas, habría que crear las condiciones para retornar al Holoceno, pero esta visión es asunto de una gran controversia científica (Rockstrom, 2015).   La aproximación de Rockstrom y asociados sobre los límites ha tenido una fuerte repercusión y una amplia aceptación y, también, han sido objeto de otros debates, en adición al señalado. Se reconoce que los indicadores de cambio y los valores exactos escogidos son en su mayor parte arbitrarios. Además, se aclara que la aproximación de los límites del planeta, como planteados por el Centro de Resiliencia de Estocolmo, tiene su campo de aplicación fundamental a nivel del planeta y de grandes sistemas como los océanos.  Para la comprensión a otras escalas de los límites impuestos por la naturaleza y la formulación de políticas concordantes la aproximación que se debe utilizar es la de los ecosistemas y sus servicios.  Por ejemplo, las circunstancias locales pueden determinar en qué plazo se presentará escasez de agua o la deforestación alcanzará un umbral inaceptable.  

Algunos científicos han expresado su preocupación de que este discurso conduzca a aproximaciones de arriba hacia abajo, o a la imposición de arriesgadas soluciones como las de la geoingeniería con cuestionables implicaciones para la justicia socio ambiental y para democracia. Por ejemplo, desde la geoingeniería se proponen con miras a la mitigación del cambio climático hacer siembras masivas de algas en los océanos para aumentar su capacidad de captura de CO2, o introducción de compuestos sulfúricos (ejemplo el anhídrido sulfúrico (SO3) y el ácido sulfúrico para reducir la radiación solar que alcanza a la superficie terrestre. No fue extraño, entonces, que un grupo de países en desarrollo no aceptara que el concepto de los límites del Planeta se introdujera en la declaración de Río+20 que condujo a los Objetivos del Desarrollo Sostenible. Sin embargo, posteriormente, el concepto se incorporó en la negociación de los ODS.  

Estos cuestionamientos -que nos recuerdan que la ciencia y su aplicación no es neutra-, están siendo resueltos.  Desde hace años, diversos científicos elaboran la concepción según la cual para transitar en el Antropoceno existen diversos caminos que deben construirse socialmente en procesos construidos con la gente, a la luz de la mejor ciencia disponible. Son caminos que hay que construir a diversas escalas, desde la local hasta la global, y para lo cual la aproximación de los ecosistemas y sus servicios resulta de especial utilidad. Así, por ejemplo, en el Instituto Von Humboldt de Colombia se ha avanzado en la aproximación de las transiciones ecológicas, que muestra un gran potencial para el trabajo aunado de las comunidades, los hacedores de políticas, y los científicos. 

Con la aproximación sobre los límites del Planeta se ha enriquecido el concepto del desarrollo sostenible. El Club de Roma (1972) introdujo la noción de los límites del desarrollo y Bruntland (1987) postuló que el desarrollo sostenible implica unos límites, pero no se había ofrecido una visión totalizante, cuantificada y con un discurso tan atractivo desde la perspectiva política sobre los mismos, como lo hiciera el Centro de Resiliencia de Estocolmo (Rockstrom et al., 2009). 

El cambio climático y sus impactos  

“El calentamiento en el sistema climático es inequívoco y, desde la década de 1950, muchos de los cambios observados no han tenido precedentes en los últimos decenios y milenios. La atmósfera y el océano se han calentado, los volúmenes de nieve y hielo han disminuido, el nivel del mar se ha elevado y las concentraciones de gases de efecto invernadero han aumentado”. Así resumió en 2014 la evidencia con que se cuenta la entidad científica más importante en la materia, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por su nombre en inglés), sobre los impactos del cambio climático que estamos viviendo.  

¿El cambio climático podría ser de origen natural?  

Desde su origen, el planeta ha estado en permanente cambio. Así lo evidencian, por ejemplo, las denominadas eras geológicas, con profundas transformaciones en la conformación del planeta, y la evolución de las especies desde que la vida apareció en la Tierra. Pero el rápido proceso de cambio climático que hoy presenciamos no tiene causa natural. El IPCC afirma que su origen está en la actividad humana, con una certidumbre científica de 97%. La principal actividad humana que ha causado el cambio climático y que lo seguirá causando durante el presente siglo es el consumo de combustibles fósiles, en particular, petróleo, carbón y gas natural, que emite dióxido de carbono (CO2). El mecanismo mediante el cual el CO2 y otros gases producen el calentamiento global se denomina efecto invernadero.  

¿Qué es el efecto invernadero y cuáles son sus principales consecuencias?  

Casi la mitad de la radiación solar que llega a nuestra atmósfera penetra la superficie de la Tierra, mientras el resto la refleja la atmósfera y retorna al espacio o la absorben gases y partículas de polvo. La energía solar que alcanza la superficie de la Tierra calienta el suelo y los océanos, que, a su vez, liberan calor en forma de radiación infrarroja. Los gases de efecto invernadero (GEI) que se encuentran en la atmósfera, como el dióxido de carbono, absorben parte de esta radiación producida por la Tierra y la envían en todas las direcciones  

Figura 1

Figura 1: El efecto invernadero. Tomado de Manuel Rodríguez et al. 2015. Cambio climático lo que está en juego. Pág: 13.    

El efecto neto de este fenómeno es el calentamiento de la superficie del planeta a la temperatura actual. La existencia de CO2 y otros GEI en la atmósfera se originó hace millones de años como parte del proceso de formación y evolución de la Tierra, un fenómeno que también se dio en otros planetas del sistema solar. Entre más alta sea la concentración de GEI, mayor es la captura del calor, y viceversa. Nuestra atmósfera ha contado, precisamente, con una concentración justa de GEI para la existencia de la vida en la Tierra como hoy la conocemos.  

Sin ningún GEI en la atmósfera, nuestro planeta tendría una temperatura 30 °C más fría –o de 18 °C bajo cero–, lo que lo haría inhóspito para la vida. En contraste, si su concentración fuese muchísimo más alta, la temperatura podría llegar a extremos tales que harían que la Tierra tampoco fuera factible para la vida. Algo similar pasa en Venus, en donde la enorme cantidad de CO2 en su atmósfera genera un fortísimo efecto invernadero que, a su vez, genera una temperatura que alcanza los 460 °C.  

¿Cuáles son los otros gases de efecto invernadero?  

El dióxido de carbono (CO2) no es el único gas de efecto invernadero. Además del CO2, hay otros siete GEI: 1) el metano (CH4); 2) el óxido nitroso (N2O); 3) los fluorocarbonados (CCL2F2); 4) los hidrofluorocarbonados (CCl2F2); 5) el perfloroetano (C2F6); 6) el hexafluoruro de azufre (SF6); y 7) el vapor de agua (ver Figura 2).  

¿Cuáles son las principales fuentes humanas de los gases de efecto invernadero?  

Las concentraciones de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso han aumentado considerablemente desde mediados del siglo XVIII, como consecuencia de la acción humana –o de origen antropogénico, en el lenguaje científico–. En esta época se inició la revolución industrial, acicateada, entre otras, por la invención de la máquina de vapor, el primer motor de combustión, en este caso a partir del carbón. El CO2 es el gas de efecto invernadero de origen antropogénico que más ha contribuido al calentamiento global, y se produce como consecuencia del consumo de los combustibles fósiles –petróleo, carbón y gas– y de la deforestación. Los árboles y las plantas que componen los bosques contienen carbono; al quemarse –que es la forma más usual de deforestación–, o descomponerse, después de haber sido talados, emiten CO2.  

Figura 2  

Figura 2:  Emisiones de gases de efecto invernadero por sectores económicos. IPCC, 2014. Figura tomada de Manuel Rodríguez et al. 2015. Cambio climático lo que está en juego. Pág: 43.   

Las emisiones de metano se producen, principalmente, como consecuencia de diversas actividades agropecuarias, como el cultivo del arroz –procesos de descomposición orgánica en las aguas de inundación– y la cría de ganado –la emisión producida por el proceso digestivo y las heces–. Las emisiones de óxido nitroso se derivan, principalmente de los abonos nitrogenados, indispensables para aumentar la productividad de los cultivos agrícolas, cuyo uso fue catapultado por otra gran invención: la síntesis del amoníaco a partir del nitrógeno del aire.   Si bien el CO2 es un GEI de menor potencia que el metano, el óxido nitroso o los fluorocarbonados, su abundancia relativa en la atmósfera y su incremento exponencial en los últimos cincuenta años explican por qué es el principal responsable del incremento de la temperatura.  

¿Cuál es la concentración de GEI actual?  

Por primera vez en los últimos dos millones de años, la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera alcanzó las 400 partes por millón durante un mes entero, marzo de 2015, según la National Oceanographic and Atmospheric Administration (NOAA), de Estados Unidos. Ello significa un aumento de 120 partes por millón desde tiempos preindustriales. La mitad del aumento ocurrió a partir de 1980 como consecuencia del crecimiento económico mundial detonado por la aceleración de la globalización de la economía.  

¿Cuáles van a ser los impactos en el futuro?  

Depende de la cantidad de gases de efecto invernadero que emitamos. Si nuestras emisiones siguen creciendo –business as usual–, a finales del presente siglo, la temperatura podría aumentar más de 5 °C en relación con la época preindustrial; pero si las reducimos sustancialmente, podríamos evitar un aumento de más de 1,5ºC en relación con dicha época. Los científicos consideran que no es aconsejable permitir que se exceda este límite, pues los impactos podrían ser de altísima gravedad.  

¿Pero, en concreto, cuáles son los impactos del cambio climático?  

El calentamiento tiene efectos en diversas dimensiones del sistema climático físico: cambios de temperatura y precipitación a nivel regional –se habla de cambios, puesto que, por ejemplo, en algunas subregiones dentro de un mismo país, el índice de precipitación promedio puede aumentar y en otras, disminuir–; descenso del caudal de un gran número de ríos; aumento de la intensidad de los huracanes; derretimiento de hielo marino –como el del Polo Norte–, los glaciares terrestres –como los de los nevados, el Antártico y Groenlandia– y el permafrost –capa permanente de hielo en el suelo–; incremento del nivel del mar; y acidificación de los océanos. De hecho, son cambios que ya estamos viviendo, pero cuya intensidad aumenta con el cambio de la temperatura.  

A su vez, estos cambios en el sistema climático físico tienen impactos en la biodiversidad y en los sistemas alimentarios. En el primer caso, genera la extinción de especies y la degradación de los ecosistemas, mientras que, en el segundo, contribuye a la pérdida de la productividad agrícola en algunas regiones y a su aumento en otras, dependiendo del aumento de la temperatura (1 °C, 2 °C, etc.). Pero, en un escenario de 5°C, la pérdida de la productividad sería prácticamente generalizada en todas las regiones del mundo. En la Figura 3 se ilustran algunos de los impactos que se producirían como consecuencia del calentamiento global, en diferentes niveles de temperatura, y en la Figura 4 se especifican algunos de esos impactos para Latinoamérica y el Caribe, en un mundo de 4°C.  

Figura 3  

Figura 3: Posibles impactos como consecuencia del calentamiento global, en diferentes niveles de temperatura.  Tomado de Manuel Rodríguez  et al. 2015. Cambio climático lo que está en juego. Pág:28-29.   

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Figura 4

Figura 4: Posibles impactos como consecuencia del calentamiento global, en Latinoamerica y el Caribe. Tomado de Manuel Rodríguez Becerra et al. 2015. Cambio climático lo que está en juego. Pág: 31.   

Para concluir: ¿Qué compromisos existen hoy en el Acuerdo de Paris sobre cambio climático y qué relación tiene con los hallazgos científicos? 

Según se señala en el libro Nuestro planeta, nuestro futuro (Rodríguez, páginas 86-87, 2019)  

“En las negociaciones del Acuerdo de París, diversos países cuestionaron, sin éxito, la meta de 2ºC que había dominado las negociaciones por más de una década, pero como transacción se incluyó la aspiración de hacer esfuerzos para no superar una temperatura de 1,5ºC. Esta “meta aspiracional” fue presionada, en particular, por los países insulares del Pacífico, una de las regiones más afectadas por el calentamiento global, y así quedó establecida en el Acuerdo de París firmado en 2015. Pero no pasar de 1,5ºC se transformó en un imperativo como consecuencia del sexto informe del IPCC presentado a finales de 2018. Los impactos de 1,5ºC frente a 2ºC se ilustran en la figura a continuación. A su vez, el Centro de Resiliencia de Estocolmo ha puesto una señal de alarma al señalar que un aumento de 2ºC conllevaría altos riesgos de que el planeta entre en un camino de fenómenos extremos (“the hot house path”) que podrían llegar a ser catastróficos y fuera del control humano (Steffens et al., 2018).”   

Por esta razón en la actualidad se negocian unas metas de reducción de los gases de efecto invernadero que sean congruentes con no traspasar de un incremento de 1.5ºC de temperatura promedio de la superficie de la Tierra en relación con la época preindustrial. Es una negociación que se inició en la Conferencia de las Partes de la Convención de Cambio Climático (COP) celebrada en Madrid en 2019, la cual debería concluir en la COP a realizarse en Glasgow en 2020. 

Figura 5 

Figura 5: Riesgos climáticos